Nizar Qabbani, el poeta sirio que escribió el alfabeto del jazmín damasceno por todo el mundo

Damasco, SANA

Ninguna figura siria ni árabe de la era moderna simboliza al «hombre que llenó el mundo y mantuvo ocupada a la gente» más que el difunto gran poeta Nizar Qabbani, ya que las tormentas de crítica dirigidas a él en vida y post mortem y el gran interés de la gente por sus poemas lo hicieron merecedor de este homenaje.

Uno de los grandes profesores de Lengua Árabe, el Dr. Saeed al-Afghani, dijo refiriéndose al gran poeta: «Si un papelito de Nizar Qabbani cayera en un autobús lo agarraría el primer pasajero para llevarlo a su casa», porque su poesía era tan peculiar que ningún poeta árabe pudo igualarlo.

Su suavidad y fluidez lo colocaron en la cima de los poetas cantados ya que grandes cantantes árabes le dedicaron unos 77 poemas.

La biografía del poeta Qabbani fue narrada por él mismo con su rico y cautivador lenguaje: En su libro «Mi historia con la poesía» afirma: «El día que nací, el 21 de marzo de 1923, en una antigua casa de Damasco, la tierra también estaba en estado de nacimiento y la primavera se preparaba para abrir sus brotes verdes».

Nizar estudió en el Colegio Científico Nacional hasta el bachillerato, lo que desempeñó un papel clave en su formación cultural, pues allí leyó poesía árabe francesa y fue influido por su maestro, el gran poeta Khalil Mardam Bek, autor del Himno Nacional de Siria «Los guardianes de la patria», a quien le debe ese caldo poético de alta gama que se encuentra en su subconsciente y que fue quien sembró la flor de la poesía bajo su piel.

En la Universidad de Damasco, completó sus estudios universitarios en la Facultad de Derecho y se graduó en 1945, pero no ejerció la abogacía y no se hizo cargo de un solo caso legal; el único caso por el que abogó fue la belleza, y el único inocente al que defendió fue la poesía”.

«Me dijo la morena» fue el primer poemario de Nizar; se publicó en 1944 y recibió muchas críticas, pero esto no lo disuadió de navegar contra la corriente.

Nizar trabajó en el cuerpo diplomático desde 1945 y fue nombrado asesor en la Embajada siria en El Cairo en 1945; durante su estancia en Egipto hizo amistades con grandes escritores y artistas, y allí publicó su segundo libro de poemas «Infancia de un seno» en 1948.

Durante su carrera diplomática en 1966 en las embajadas sirias, Nizar recorrió las capitales del mundo de Asia, África y Europa.

«Con cada paso que iba dando, mi corazón crecía, mis ojos se expandían, mi espíritu se llenaba y el beduino que llevaba adentro se iba enterneciendo, sanando y modernizando», dijo Nizar sobre sus continuos viajes diplomáticos que tuvieron un impacto en el desarrollo de su talento intelectual y poético.

Nizar optó por dedicarse a su poesía, presentó una renuncia a su carrera diplomática en 1966 y más tarde, fundó una editorial con su nombre en Beirut y comenzó a publicar sus colecciones de poesía.

Según el libro «Mujeres en la poesía de Nizar Qabbani», de un investigador tunecino, Nizar publicó 36 colecciones, además de 12 libros en prosa, que algunos críticos ponen a la altura de sus poemas, en particular su libro «Palabras que no conocen la ira», así como una obra dramática en verso.

Nizar vivió el último cuarto de su vida en la ciudad de Londres, pero continuó visitando Damasco y permaneció organizando allí veladas literarias y escribiendo poemas para Damasco, que era el amor de su vida.

«Damasco me regala un calle»; así dijo Nizar cuando el líder fundador Hafez al-Assad decretó ponerle el nombre del gran poeta a una calle de la capital siria.

Antes de su partida física, Nizar escribió su poema «Los claudicados», en el que criticaba la normalización con el enemigo israelí, y también escribió «Cuándo declaran la muerte de los árabes», donde critica amargamente la realidad árabe.

El 30 de abril de 1998, el corazón de Nizar dejó de latir; en su testamento pidió ser enterrado en Damasco porque, como él dijo, «Damasco es el útero que me enseñó la poesía, la creatividad y el alfabeto del jazmín».

Nadie ha leído mi taza
sin que sepa que eres mi amada,
nadie ha estudiado las rayas de mi mano
sin que descubra las cuatro letras de tu nombre.
Todo se puede negar
salvo el olor de la mujer amada,
todo se puede disimular
salvo los pasos de la mujer que se mueve dentro de nosotros,
todo se puede discutir
salvo tu feminidad

Equipo de redacción en español de la agencia SANA

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