Damasco, SANA
Las drogas constituyen uno de los principales problemas que amenazan la capacidad de los pueblos por los efectos devastadores que deja en la estructura de las comunidades a nivel social, moral, económico y de salud.
Los efectos de la droga superan con una gran medida los desastres naturales y las pandemias, especialmente que las estadísticas indican que el número de adictos en el mundo supera los 400 millones de personas al mismo tiempo en que los comerciantes se aprovechan del tráfico y la comercialización de drogas ganando aproximadamente 700 millones de dólares anuales…
Siria es uno de los países libres completamente del cultivo y de la producción de todos tipos de droga, pero su ubicación geográfica permitió el tránsito ilícito de este artículo desde el productor hacia los países consumidores lo que llevó a las autoridades sirias a adoptar un conjunto de acciones que reducen y eliminan este fenómeno, como la Ley No. 2 para el año 1993 conocida como la Ley Antidroga que sentó las bases y definió las medidas que se deben tomar en el ámbito de las drogas como el endurecimiento de las sanciones llegando a la pena de muerte contra los cultivadores y narcotraficantes de las plantas.
Conforme a esta ley, se creó la Comisión Nacional de Asuntos de Narcóticos, encabezada por el Ministro del Interior y compuesta por representantes de otros ministerios, organizaciones populares y sindicatos, que tendrá la tarea de formular una política antidroga basada en la coordinación y cooperación entre las diversas entidades pertinentes en Siria y a nivel árabe e internacional para desarrollar planes de prevención y tratamiento.
De esta Comisión, ha surgido una sub-comisión de información encargada de elaborar programas de difusión y publicidad sobre los peligros de las drogas, y la producción de películas y el empleo de todos los medios disponibles para aumentar la sensibilización y la formación de una impunidad social basada en la ciencia y la auto-convicción.
La ley tiene también una dimensión y visión humana hacia el adicto y lo ve como una persona enferma que es un deber tratarlo y curarlo por las instituciones pertinentes para que le ayuden a salir del sufrimiento de manera secreta, sin exponerle a interrogación jurídica, en caso de entregarse por sí mismo o por uno de sus familiares para recibir el tratamiento.
Siria contribuye a través de la Oficina Árabe de Asuntos de Drogas perteneciente al Consejo de Ministros del Interior Árabes, a la reducción de la proliferación y el tráfico de este flagelo en el mundo árabe a través del intercambio de información y contactos, y activar la cooperación con países hermanos y amigos al respecto.
Siria firmó también el Tratado Árabe de Antidroga y participa eficazmente en la operaciones de entrega, vigilancia y seguimiento, lo que contribuyó junto a otros factores como la herencia moral y religiosa, a la disminución de lo más mínimo de adictos y el porcentaje de estos apenas llega a la tasa de 150 por millón de personas según las últimas estadísticas, y el 95 %o de estos adictos son personas con antecedentes penales o con comportamiento de desviación moral.
De igual manera, Siria firmó a través de la Organización de Naciones Unidas, a todos los convenios internacionales sobre el tráfico ilícito de drogas y sustancias psicotrópicas, y fue uno de los actores en la toma de resoluciones de la Declaración Política de 1998 que se celebró a nivel de Jefes de Estado en Naciones Unidas para la lucha contra las drogas.
Fadi Marouf