El año 2020 mostró un renacer cultural en Siria

Damasco, SANA

La fatal coincidencia de una guerra impuesta por casi 10 años y la pandemia del Covid 19, no han impedido que Siria concluya el año 2020 con un renacer cultural y en el que se mezclan, con características propias, las huellas de al menos siete civilizaciones y las tradiciones musulmanas y cristianas en un ámbito de tolerancia y confraternidad.

Los avatares de la confrontación armada y las limitaciones impuestas por la irrupción del coronavirus obligaron a buscar alternativas para las celebraciones de más de un centenar de eventos, festivales y exposiciones de las más diversas tendencias que tienen indudable presencia en el desarrollo social, algo singular en una nación del Oriente Medio.

‘In na maa al usri yusrá (Sí, junto a la dificultad hay facilidad), expresión recogida en el libro sagrado del Corán, fue en la práctica una guía para la acción en un país de mayoría musulmana pero que respeta y permite compartir otras creencias ancestrales como la de los cristianos ortodoxos o de la iglesia greco-latina y la realización anual del Ramadán para los primeros y las festividades católicas de las Pascua y la Navidad para los segundos

Esa historia cultural, expresada a lo largo de miles de años, consolida las posibilidades de un renacimiento donde la importancia de la familia, la religión, la educación y la disciplina ocupan un lugar de primer orden en el más significativo Estado laico del mundo árabe.

En ese sentido, el presidente Bashar Al Assad expresó en los inicios del conflicto que ‘para nosotros, en Siria, el laicismo significa libertad religiosa, y ese tipo de laicismo hace bella esta diversidad. incluyendo al cristianismo, el Islam y el judaìsmo, y las diversas sectas surgidas de éstas’.

Los aportes de Siria la cultura y la historia

Desde el Siglo XIV antes de Cristo, esta región del Levante aportó al mundo la escritura cuneiforme ugarítica (por la región de igual nombre en la actual provincia de Latakia) y formas tradicionales de zocos (mercados variados), así como centros de atención a miles de caravanas que durante años formaron puntos de reunión y transición entre el Asia y el Mediterráneo.

Entre el 2018 y el año por terminar, los más evidentes temas relacionados con el renacimiento cultural nacional fueron la reconstrucción de zocos como los de Alepo y Homs, seriamente dañados por el sabotaje terrorista y en los cuales vuelven a rescatarse oficios artesanales como el trabajo en objetos de cobre, piezas textiles, la fabricación del famoso jabón vegetal y productos alimenticios, entre los más destacados.

En particular, el zoco techado Al Medina, con 13 kilómetros de extensión y considerado el mayor de su tipo en el mundo, donde renacen las tiendas de especies y en sitios reconstruidos que datan de la década de 1450-60, en cuya rehabilitación colaboraron la Fundación pakostaní Aga Khan y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y extendida también a los de la central provincia de Homs y su ciudad cabecera.

Más allá del rescate de festivales folklóricos, incentivados a través de espacios virtuales ante la situación generada por la pandemia del Covid 19, volvieron las actividades en el Teatro de la Opera de Damasco, exposiciones de pinturas y actuaciones como los del coro Arjuan, con más de 200 intérpretes desde niños y adolescentes hasta adultos y cuyas actuaciones en el 2020 se extendieron internacionalmente.

De igual forma, fueron rescatados eventos habituales como el Festival de la danza y el laúd, un instrumento esencialmente árabe por sus tipificaciones y que en Siria es de nuevo, objeto de estudios en centros de enseñanza y a los que se suman actualmente los dedicados al cultivo del algodón, la siembra de trigo, la flor de jazmín -símbolo de Damasco- y del arte de incrustaciones en telas, caligrafía en cobre y otros metales.

El actual mensaje cultural de Siria al mundo

Revitalizar una cultura histórica de larga data marcha por camino seguro, supera dificultades materiales y permite desarrollar jornadas culturales, bazares dedicados a la Navidad o al fin de año, ferias del libro y la reapertura de museos de especial relevancia como los de Damasco, Alepo, Homs, Tartus y Latakia, fundamentalmente.

Marhaba (hola) o kuf haalak ( hola) junto a las tradicionales vestimentas del thob para las muertes y el shirwal, de hombres, son actualmente frases y acciones que vuelven a ser habituales entre la heterogénea mezcla de asistentes a ferias y eventos, tanto en las principales ciudades como en áreas rurales e incluso en el tradicional teatro de sombras, reconocido recientemente por el Comité de Salvaguardia de la Organización de Naciones Unidas para la Educaciòn, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como patrimonio mundial inmaterial.

El renacimiento alcanzado, aún con un largo camino por recorrer, toma en cuenta la realización de películas y documentales, series para la televisión, incluso con una mayor participación a nivel internacional, así como la típica culinaria siria como el kebab, la shawarma, el fálafel o el calabacín relleno, son valores en alza, junto a los que representan los más de 100 mil sitios artqueológicos extendidos por toda la nación.

A su vez, se trabaja con intensidad por rehabilitar la histórica zona arqueológica de Palmira, uno de los Patrimonios de la Humanidad de Siria junto al Crac (Castillos de los Caballeros, y los cascos antiguos de Damasco, Alepo y Bosra, estos últimos en avanzado estado de conservación y reabiertos al público, además de otras labores al respecto sobre la noria de Hama, para acarrear agua con métodos antiguos y los vestigios de Ugarit, Ebla, Mari, Dura Euripos, Apamea, Mamula y la ciudadela de los cruzados en Tartus.

De esta manera, el convulso año 2020 representa para Siria un punto de partida para el renacimiento cultural de una nación y la cual en su mayor esplendor, formó parte del llamado Creciente Fértil, un centro geogràfico de unión de las civilizaciones de Asia, el Oriente Medio y Europa.

Fuente: Prensa Latina

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